• Jessica Servín

¿Cómo ayudo a mi sobrina a no deprimirse?

Tiene 15 años y justo está iniciando la preparatoria. Un día me preguntó: “Tía ¿crees que algún día pueda volver a ir a la escuela?”. Le respondí que claro, que todo iba a ser como antes, pero que debíamos tener paciencia.

Y así como ella, hay muchos niños y jóvenes que ya NO aguantan este encierro, este cambio de vida. Como sea, nosotros los adultos, ya tuvimos nuestras muchas salidas, “ya vivimos” como diría mi abuela, ¿pero ellos? ¿Cómo les ayudamos a no deprimirse y no sentir ansiedad?

La noticia de no poder salir y de que si salían el virus los podía infectar y ellos contagiar a sus papás y abuelos, debió ser aterrador. Después, el hecho de no tener una graduación con fiesta y birrete, es terrible para el estado de ánimo.


Sumado a ello, está el no ver a sus amigos, no tener ese contacto físico con ellos, ni esa privacidad necesaria a esa edad. Romper toda su rutina para entrar en una dinámica diferente que no se acerca nada al hecho de “estar de vacaciones”, también es desquiciante.

Y si, además de eso, ocurre que uno de sus familiares o varios, se contagian y fallecen, pues sí, será inminente que el niño o el joven se depriman. Así que, por todo esto, me di a la tarea de investigar y estos fueron los cinco consejos que encontré más efectivos para ayudar, de alguna forma, a mi sobrina. Espero que también les sean útiles:

1. Deja que los niños se sientan o estén tristes. Está bien y es un momento que deben vivir. “Los padres deben ayudar a sus hijos a vivir con sus sentimientos y aceptar y superar las inevitables decepciones de la vida”, Madeline Levine, autora del libro Ready Or Not: Preparing Our Kids to Thrive in an Uncertain and Rapidly Changing World.

2. Compartan sus frustraciones. Una manera de acercarse a los niños o jóvenes y dejar que se desahoguen para saber lo que sienten en estos momentos, es empezar por uno, explicarles cómo nos sentimos, lo que nos molesta de estar encerrados.

3. Promueve el optimismo. Hay que hablar con ellos sobre los aspectos positivos de la pandemia, del tiempo que ahora han pasado juntos, de las cosas que han aprendido, de ese rompecabezas que tenía años arrumbado y que, finalmente, lo han armado.

4, No dejes las rutinas. Hay que enseñar nuevas rutinas. La de lunes a viernes, y la de los fines de semana. “Esto ayuda a los niños a sentirse instalados, cuidados y en control. Hay que darles cosas concretas que esperar. Quizás todos los jueves se convierta en noche de cine y todos los sábados, muy temprano, salgan a caminar en familia”, dice el Harold Samuel Koplewic, autor del libro The Scaffold Effect.

5. Crea equilibrio. Los horarios no deben ser tan rígidos o estar repletos de tareas, especialmente si no son agradables para el joven, como limpiar la casa. Hay que mantener el orden con una o dos tareas diarias, además de actividades recreativas y educativas que le interesen al joven.

6. Construir conexiones positivas. Es primordial, algunas ideas para lograrlo son enviar mensajes de texto o hacer videollamadas a familiares mediante aplicaciones sociales. Jugar juegos de mesa o cartas. Jugar juegos de video o de computadora en línea con otras personas o preparar y compartir comidas juntos.

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